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Llegó desde Alemania a mediados del siglo XIX. Convivió con la pianola y el gramófono, y juntos crearon populares orquestas en casas y clubes. Se trata del organillo, ese instrumento de madera que al accionar su manivela produce variadas melodías gracias a un complejo sistema de rodillos y púas.  Hoy los organilleros forman un gremio organizado, cuyo trabajo responde a criterios artísticos y técnicos y es concebido por ellos como un oficio digno, que forma parte del patrimonio cultural vivo y del folclor popular chileno. Su número ha crecido en los últimos años, de la mano de la restauración y de la fabricación de organillos hechos íntegramente en nuestro país. La valoración social, sin embargo, está lejos de otorgarles el sitial que les corresponde.

La vida callejera del organillo en Chile alcanzó su apogeo durante las tres primeras décadas del siglo XX.

Este proceso se inició con las modas musicales llegadas al salón de baile y el teatro.

Dichos temas, de corte popular, se masificaron progresivamente a través de las partituras para canto y piano. Estas partituras fueron la base repertorial de la casi totalidad de los organillos que aún se siguen escuchando.

Rápidamente el organillo fue el portador de las modas europeas, principalmente valses, jotas y pasodobles. Pero por sobre todo se hicieron presente las modas bailables americanas, como valses, tango, foxtrot, charlestón y por supuesto su majestad la cueca.

Desde mediados del siglo XIX se registra la presencia de organillos en Chile. Traídos fundamentalmente de Alemania, aunque también de Francia, estas cajas musicales servían a gente desposeída para ganarse la propina caritativa de transeúntes y caseras.

El organillo, un instrumento musical que reproduce melodías, es parte del patrimonio cultural de varios países, entre los que se destaca Francia, Alemania, Suiza, Argentina y México. En Chile, los organilleros, sus intérpretes, llevan más de 100 años de oficio.

La familia Lizana, de 4 generaciones en total es una de las familias que aún continua con los oficios de organilleros y chinchineros.

Manuel Lizana Quezada,actual organillero y chinchinero, es además el único luthier chileno y de Latinoamérica en hacer este maravilloso instrumento, el cual lleva muchos años en esto y lleva más de 10 organillos hechos en Chile.

 

 

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